LA CHICA DEL BUS
Y como otra mañana, me desperté dándole un fuerte golpe al despertador para que se callara, me alisté, cogí las llaves de la mesita de noche al lado de la cama, me repasé con una mirada de arriba a abajo y de abajo a arriba en el espejo del hall principal. Salí de la casa dando un portazo, estaba agobiado por los estudios y la carrera de medicina que estaba llevando a cabo, por el trabajo basura que tenía de camarero en un restaurante de mala muerte, la impaciencia de acabar los estudios para irme lo antes posible de casa y tener mi propia vida. De camino a la parada, en mi mente sólo estaba aquella chica del bus pero sobre todo la carrera, creía que mi vida estaba en juego, todo o casi todo giraba alrededor de mi carrera y mi vida, no había salido de casa o había pensado en distraerme. A pesar de las insistencias de la gente que me rodeaba para que saliera de mi rutina, no hacía caso y pensaba que ellos eran quienes perdían el tiempo y no le daban importancia a su futuro. Todos estos pensamientos invadían mi mente hasta que choqué con la parada y volví a la realidad. El bus estaba llegando y por suerte estaba a tiempo. Entré al bus... pasé el abono por el lector y elegí un asiento, uno de dos, situado al lado de la puerta trasera por donde se salía. El bus arrancó. Pasó una... dos... tres... hasta cuatro paradas cuando giré la cabeza y miré a través del ventanal del autobús, era un día soleado y no pude creer lo que veía, era ella. Ella. Estaba más radiante que nunca, la luz del sol hacía brillar aún más sus reflejos dorados sobre su cabello negro azabache, unos grandes ojos oscuros cuya mirada se dirigía hacia la entrada, con amago de subir. Por fin, subió. Por supuesto no sabía su nombre, ni qué edad tenía ni de dónde venía, sólo la veía día tras día subir al autobús y tenía impotencia de no atreverme a hablarle. Cuando no subía al autobús en el que yo estaba, no era igual. Mientras atravesaba el pasillo del bus, rogaba en mi mente que no se sentara cerca, o peor, a mi lado. Para entonces, ya era tarde. Observaba como sus piernas atravesaban mi espacio vital, pero no me importó. Se sentó a mi lado y sólo pensé ''tierra, trágame''. Notaba que me miraba de reojo. Ya nos conocíamos, bueno, nos conocíamos de vista, porque no sabíamos ni quién éramos. La presión me subía, los latidos del corazón me aceleraban y los nervios me atacaban. Me quedaban aún tres paradas para llegar a mi destino, era poco, unos cinco minutos, pero fueron los más largos de mi vida. Finalmente, llegó. Tuve que pasar casi por encima de ella para bajar de mi asiento, intentaba tocarla lo más mínimo. Bajé de mi asiento, me situé al lado de la puerta y sujeto de una barra ya que el bus aún estaba en marcha. Paró en seco. Caí a sus pies y lentamente elevé la mirada, ahí estaba ella, con esos penetrantes ojos y mirándome con rostro de confusión. Me ayudó a levantarme, se me acercó y dijo: ''Hola, soy Samantha, parece que al fin he tenido que presentarme yo. Escucha, si querías saludarme, hazlo. Cuando quieras hacer algo, hazlo.'' Le dediqué una leve sonrisa y tuve que bajar del bus, ya era mi parada y podría llegar tarde. Dije adiós y bajé rápidamente. Ya en la parada, observando cómo el bus se deslizaba por aquel camino de cemento y desaparecía en la lejanía y en la poca posibilidad de ver por los fuertes rayos de sol, metí la mano en el bolsillo derecho de la chaqueta. Se encontraba mi abono y un pequeño papelito que no sabía de su existencia hasta entonces. Lo saqué y leí su número de móvil, mi rostro cambió totalmente a una alegría descomunal.
-Mariana Carrillo-
HALLOWEEN
Por fin era halloween!! Tenía muchas ganas de que llegara este día. Hoy venían unas amigas desde muy lejos ya que era festivo. Por la noche fuimos al bar de mis padres. Allí estaban mi hermano, mi primo y mi prima. Mas tarde, como no teníamos nada que hacer, nos fuimos a dar una vuelta. Nos aburríamos bastante y no se nos ocurrió otra cosa que comprar huevos para tirárselos a los autobuses, pero no nos atrevíamos, vamos que compramos huevos para nada...
Llegamos a una calle muy estrecha y bastante oscura. Nos sentamos en la acera para descansar un poco. Era una calle bastante siniestra, no había bloques de edificios, eran chalets y no había ni un alma. Esto siendo halloween asustaba un poco. A una de mis amigas se le ocurrió la brillante idea de tirar un huevo a una de las ventanas de esos chalets con la mala suerte de que no se enteró de que estaba abierta. De un momento a otro salieron cuatros tíos de la casa, de unos 20 años: uno en pijama y en zapatillas de andar por casa y los otros tres en camiseta, pantalones cortos y en chanclas de piscina con calcetines, parecían guiris...
Llegamos a una calle muy estrecha y bastante oscura. Nos sentamos en la acera para descansar un poco. Era una calle bastante siniestra, no había bloques de edificios, eran chalets y no había ni un alma. Esto siendo halloween asustaba un poco. A una de mis amigas se le ocurrió la brillante idea de tirar un huevo a una de las ventanas de esos chalets con la mala suerte de que no se enteró de que estaba abierta. De un momento a otro salieron cuatros tíos de la casa, de unos 20 años: uno en pijama y en zapatillas de andar por casa y los otros tres en camiseta, pantalones cortos y en chanclas de piscina con calcetines, parecían guiris...
En la cara se les veía que estaban enfadados, me di la vuelta y vi que mis primos y mi hermano echaron a correr. Yo tarde bastante en reaccionar hasta que empecé a correr también. Estaba tan asustada que corrí como nunca había corrido en mi vida, los adelanté a todos y sin apenas enterarme. Mire hacia atrás y vi que nos estaban siguiendo. Era increíble el cómo podían correr tanto en chanclas... mi primo y mi hermano me alcanzaron y doblamos por otra calle para perderlos, y lo conseguimos, pero mi prima no estaba. Resulta que había doblado por otra calle antes que nosotros.
Empezamos a buscarla por todas partes hasta que después de un buen rato la encontramos. Se estaba riendo y me dieron ganas de pegarla porque no le encontraba la gracia. Nos dijo que el que iba en zapatillas de andar por casa la había alcanzado y que cuando la cogió se empezó a reír y la dijo que el huevo no había caído exactamente dentro de la casa, que había caído dentro pero encima de la cabeza de su asistenta, que se encontraba sentada en el sofá regañándolos por lo desordenada que siempre estaba la casa. Volvimos a la calle y nos encontramos a mis amigas. También se estaban riendo. Nos contaron que un poco después de tirar el huevo escucharon a otro chico decirle a la señora que no pasaba nada, que era halloween. Ella enfadada y con la yema del huevo cayendo por su cara le contestó: ¡¡¡QUÉ HALLOWEEN NI QUE HOSTIAS!!!
-Emily Feliz-
''ME CAES MAL''
''ME CAES MAL''


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